I'm gonna kill Bill ...

Hay una superstición general en este tema, no es fácil tocarlo ya que es un tema que luego no da lugar al sopor debido a las preguntas existenciales. La superstición se fundamenta por anécdotas como la de “Sergio Rod”, que alguna vez llevara preparado su programa de radio, cuando una llamada le cambió totalmente el tema elegido hacia el de la muerte, ¿y qué creen? al siguiente día “Sergio” falleció en su cabina o en lo que quedo de ella en el temblor de 1985. Toquemos madera ahora y continuemos con el tema, el de la “Muerte”.

La “Muerte” se puede presentar entre plumas y sonrisas como en la catrina de José Guadalupe Posadas, tan entrañable, y en letras mayúsculas como en los libros de Terry Pratchett, de quien les recomiendo “Mort”. Puede verse fría y lejana, como en las escenas de los bombardeos de medio oriente con mujeres gritando y aferrándose a cuerpos despedazados llenos de sangre, pero están muy lejos. Puede verse increíble como en los videojuegos donde tienes un sin número de vidas de repuesto sin importar cuantas veces te maten, representando un paralelismo con los gatos. Y sí se puede estirar la pata, entregar el equipo, colgar la toalla, "chupar faros", pasar a mejor vida, “guacalacas”, elevarse, etc. El rostro de la “Muerte” es variable, pero cuando la vemos de cerca nos inquieta, nos espanta, nos recuerda nuestra propia muerte. Recuerdo una momia Celta de un ahorcado con un alambre en manos de los druidas en un museo en Inglaterra.

Otra escena que me recordó que tan Light vemos la muerte en nuestra civilización es una cremación en la India, es una escena de cuerpos chamuscándose entre olores de perfumes, mantequillas y carnitas, de verdad dejas de comer varios días, tratas de quitar la mirada volteando a otro lado para solo encontrarte con el cuerpo blanco marmolio de un santón ahogado en la cuidad de “Baranasia” glú glú glú.

La verdad nunca tuve valor para ver por ejemplo el periódico, cuando me mostraban como habían encontrado el cuerpo de Lucinda y que aparecía en la contraportada y yo sinceramente lo guarde así, sin mirarlo. Prefería recordarla así, como era ella. ¿Pero al final por qué nos impacta tanto la muerte? Cuando nacemos es lo único que pesa en nuestro destino. Verdaderamente desde que nacemos empezamos a morir y se nos empiezan a oxidar las células (proceso de envejecimiento). En algunas culturas esto de la muerte es un premio, pero en la algunas otras es un castigo... Es simplemente otro estadio. Para aquellos seguidores de la reencarnación dicen que es como cuando reemplazas un vestido viejo por otro en mejores condiciones, tan solo eso. Un breve transitar, y si hay suerte, la trascendencia a un nuevo nivel de conciencia elevado que por sí misma no otorga la muerte, porque es el resultado de un trabajo muy intenso y muy interno, pero en vida.

Lloramos la muerte de los seres queridos por puro egoísmo, por lo solitarios que nos quedamos, y hay quienes sienten la muerte, la partida del amado como una traición, como si lo hubiesen engañado con alguien, por matarle ilusiones y planes, por que los dábamos por hecho como propiedad nuestra, cuando se deberían vivir la relaciones con desapego y respeto a los tiempos y las necesidades del otro. Según los que saben en un luto hay etapas que aparecen repetitivas o desordenadas pero se mencionan por ejemplo la negación, el llanto, la ira... Luego viene la comprensión y al final la aceptación y entonces se puede vivir con ello (resignación).

Aunque se cree que un luto funcional va desde los 6 meses hasta los 2 años, cuando la muerte se presenta por ejemplo trágicamente así, sin aviso o por una desaparición dicen que los lutos pueden tardar aún más, o podemos quedar atorados en ellos. El velorio, el entierro o la cremación es todo un ritual que le ayuda a nuestros cerebros a cerrar cabos y a concluir capítulos, hasta que días después cuando sin desearlo, le comentas al ser querido por ejemplo “que ya viste que van a pasar tal película”. Y no hay respuesta, aquél ser no esta, no ocupa su lugar en la mesa o en la cama llenando el hogar de soledad.

Pero por ejemplo una persona de nombre Fernanda, creció en una casa muy parecida a la de la historia de “La casa de los espíritus” de Isabel Allende, algunos familiares suyos conversaban abiertamente con los muertos, convivían así muertos y vivos bajo el mismo techo, afirma ella que era tal la prueba de su existencia que incluso las llaves de casa aparecían y desaparecían ante las ordenes de una enfadada tía, la tía Juana quien gritaba: “¡Ay estos ya me escondieron mis llaves! ¡A ver quiero mis llaves ahora!” Y … ¡Plank! se escuchaban las llaves al caer en otro cuarto.

O alguna vez una tia le dijo a su Fernando, aqui el espiritu que es tu tocallo dice que te esta guardando una pluma de oro que se le cayó a alguien y esta cerca de la calle de Corregidora. Dicho y hecho; fueron y ahi estaba la pluma. Era según ella escalofriante. Y de tanto darle vuelta al tema, con o sin reencarnación estén o no mejor en un lugar allá donde se “adelantan”, hay que estar concientes de que la muerte esta aquí con nosotros, muy cerca en cualquier esquina.

Con los ejemplos anteriores se debe entender que la muerte es algo con lo que se vive, que la mayoría de las personas no estamos preparadas para vivir (aprender a morir), que nada se sabe con certeza antes o después de ella más de lo que sabemos por si misma (que es el fín de la vida que conocemos). Que muchas personas quedan afectadas y que causa mucho morbo, pero no por eso se deben presentarse respuestas efímeras, así al azar de algo que impacta todos nuestros sentidos, unos buscan dar con sus explicaciones paz, entendimiento, o hasta quienes buscan lucro o poder.

Dejemos de aprovecharnos de todo aquello que al hombre le hace enseñar todas sus flaquezas y permitir que la razón llene ese vacío, ese trance, esa carencia. Este es un mensaje para los seguidores de Carlos Trejo, y a él mismo.